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necios

Sor Juana Inés de la Cruz. «Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres que en las mujeres acusan lo que causan.» Inundación castálida, Madrid, 1689.

El texto

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis.

Primera de diecisiete redondillas.

La segunda palabra

La primera palabra nombra a quién le habla — es el vocativo, la puerta. La segunda ya es la sentencia.

Para abrir, Sor Juana no eligió crueles. Ni injustos, ni tiranos, ni villanos: tenía a mano todo el vocabulario del Siglo de Oro para el agravio. Eligió tontos.

Acusar de necedad humilla más y hace menos ruido que acusar de maldad. Al malvado se le puede temer; al necio no se le puede ni discutir. Y el poema entero se sostiene sobre esa elección: lo que sigue no es una denuncia, es la demostración paciente de una incoherencia — sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. La palabra pone el marco antes de que empiece el argumento.

El título que nadie usa

Todo el mundo lo llama «Hombres necios» o «las Redondillas». Su título es:

Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres que en las mujeres acusan lo que causan.

Es un título de época: descriptivo, largo, hecho para orientar al lector en un índice, no para memorizarse. Vale la pena saberlo por una razón práctica: buscarlo por ahí lleva a las ediciones académicas; buscarlo por el primer verso lleva a las cuentas de citas.

La procedencia

Apareció impreso por primera vez en Inundación castálida (Madrid, 1689), la primera recopilación de su obra publicada en España — costeada por Juan Camacho Gayna y dedicada a la virreina de la Laguna. El volumen recogía loas, villancicos, el Neptuno alegórico y la poesía personal: sonetos, décimas, redondillas y liras. Tuvo nueve reimpresiones, que para el siglo XVII es una cifra de éxito de venta.

Sor Juana murió en 1695. Hace 331 años. El texto está en dominio público sin discusión posible.

La coma que sí importa

Los cuatro versos son estables en todas las ediciones que consultamos. Su puntuación, no. El segundo verso aparece como «a la mujer sin razón» en unas ediciones y como «a la mujer, sin razón» en otras; el cuarto cierra con punto, con dos puntos o con punto y coma según quién lo edite.

No es un detalle de erudito. La ortografía del siglo XVII no puntuaba como la nuestra, y toda puntuación moderna en este poema es editorial, no de Sor Juana. Quien lo imprime está eligiendo una edición, lo sepa o no.

La coma después de «mujer» cambia el énfasis: sin coma, sin razón califica a la acusación — acusáis sin motivo. Con coma, se despega y suena a injustamente.

Imprimimos sin coma. Es la lectura más seca y la que sostiene el verso siguiente. No es la única defendible; es la nuestra, y por eso va dicha.

Hasta dónde llegó el cotejo

Esto es lo que sabemos y cómo lo sabemos. Lo que no alcanzamos también está aquí.

Cotejado contra: la transcripción de la Universidad de Pensilvania, que cita Obras completas (México: Porrúa, 1997), p. 109 — de ahí sale el título completo. Los datos de Inundación castálida contra la ficha de referencia de EBSCO.

No consultado, y hay que decirlo: el facsímil de la edición de 1689, la edición crítica de Méndez Plancarte (Obras completas I, Lírica personal, FCE) y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Qué significa: llegamos a edición académica citada a nivel de página, que es un escalón por debajo de la fuente primaria. Suficiente para publicar la ficha. Cuando tengamos el tomo de Méndez Plancarte a mano, esta nota se actualiza y lo diremos aquí.